lunes 30 de marzo de 2009

Derrotar al Terror

Derrotar al terror

La última y más cruenta dictadura militar que sufrimos en nuestro país tuvo consecuencias a distintos niveles. Algunas son más visibles, imposibles de eludir por la fuerza con que se impone el dolor por la ausencia de quienes fueron nuestros hermanos, amigos, hijos, compañeros. Otras, más silenciosas, sostienen -26 años después- la eficacia de una política cuyos ejecutores tuvieron en claro desde el principio que poseía un objetivo a largo plazo. En noviembre del 76’ el represor Massera proclamo: “No vamos a combatir hasta la muerte, vamos a combatir hasta la victoria, esté más allá o más acá de la muerte”.

Hoy en día, es importante pensar de qué se trata esta victoria que iba bastante más allá de la eliminación física de quienes los militares genocidas consideraban sus enemigos.

Si se analiza la historia reciente de nuestro país, se puede entender que la dictadura del 76’ constituyó un plan organizado para destruir y desmantelar todas las estructuras sociales, culturales, civiles y políticas e imponer así un modelo de país basado en el saqueo de los recursos del Estado y su transferencia y concentración en manos privadas, las cuales se enriquecieron ilegalmente a lo largo de los últimos 33 años. Esto no se hizo a espaldas del pueblo, sino en sus propias narices, pero sólo fue posible gracias a la parálisis que generó el terror; un terror que penetró en los cuerpos de la mayoría de los sobrevivientes y fue transmitido así hacia sus hijos y sus nietos, quienes lo mamaron muchas veces sin siquiera darse cuenta.

Ese terror silencioso se expresa hoy en día en la indiferencia que mostramos ante el sufrimiento del semejante, en la creencia de que las cosas son así y no pueden cambiarse o, peor aún, en la convicción de que la única manera que cambien es a partir de que alguien con un gran poder lo haga desde arriba, pareciendo olvidar que fue un clima social semejante el que posibilitó a los militares tomar el poder en 1976 con las consecuencias ya conocidas.

Si bien nunca podremos recuperar a los muertos víctimas de la represión ilegal, así como tampoco a los que genero el modelo de país que se impuso a través de la misma, todavía tenemos la posibilidad de truncar su victoria. Debemos reconocer los efectos que el terror tiene aún hoy en nosotros mismos, para poder así superarlos y volver a involucrarnos en la realidad de nuestro país, rompiendo con la cultura del “no te metas” y volviendo a creer en que juntarnos con quien tenemos al lado es la mejor manera de solucionar nuestros problemas.

La defensa de los derechos humanos, de la cual el gobierno nacional se jacta orgullosamente como uno de sus mayores logros, no puede tener que ver únicamente con la necesaria reparación histórica de las atrocidades cometidas en la represión ilegal. Esto debe ser el primer paso, indispensable pero no suficiente, hacia la construcción de una sociedad que defienda en su conjunto los derechos humanos violados todos los días en nuestro país.

El artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. Defender los derechos humanos tiene que ver también con lograr una sociedad que asegure esto a todos sus habitantes. La forma de lograrlo es que todos nos involucremos en la construcción política de dicha sociedad y para esto es necesario superar el terror. Sólo en ese momento habremos derrotado al Terrorismo de Estado y a los genocidas que lo llevaron a cabo.

1 comentarios:

Mikhail dijo...

Saben que?
Les soy sincero, paso cada tanto por el blog. Y siempre, pero SIEMPRE, me encuentro con algo original y buenísimo....

El pueblo argentino, después del sin fin de dictaduras que tuvimos, perdimos algo muy importante, realmente. Dejamos de ser personas cultas e interesadas en hacer algo bueno por los demás. Hoy en día, como ustedes muy bien dijeron, las personas nos acostumbraos a ver esa cruda realidad... y a no hacer NADA por cambiarlo. Y es importante que, aunque sea una pequeña minoría, continué teniendo ganas de pelear por hacer algo mas, pero esta vez hay que intentar CAMBIAR ese pensamiento podrido que tenemos de desinterés total... como si no fuésemos nadie para cambiar el mundo, como si nadie contara.

Desde acá, un fuerte abrazo.

Por cierto, soy el mismo que comento hace un par de meses (se acuerdan? “señor XXX”).